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SANTO DOMINGO, D.N.- Carmen María Encarnación Mateo, mulata menuda, diligente y atenta, es parte del equipo de conserjería que apoya al personal de las oficinas de la Comisión Nacional de Defensa de la Competencia (ProCompetencia). Hace cuatro años que está en ese ir y venir por los pasillos del edificio de tres pisos, en el 33 de la calle Caonabo casi esquina Leopoldo Navarro, en el simbólico sector capitalino Gascue. “Me siento bien al servir a esta institución”, adelanta sonriente.
La limpieza de las áreas es determinante para impulsar el desempeño de colaboradores y colaboradoras. Pero también el café y el té con chinola, servidos humeantes con gracia y a tiempo.
Para muchos y muchas, en esta institución del Estado creada mediante la ley 42 de 2008, no hay vida sin estas “bebidas de los dioses”.
Ella nació hace 39 años en el municipio Las Matas de Farfán, provincia San Juan de la Maguana, distante 221 kilómetros al sudoeste del Distrito Nacional. Hija de Eligio Encarnación, agricultor, fallecido hace una década a los 71 años; y de María Mateo Rosario, 71 años, ama de casa. Llegó a los once años a Los Ríos para vivir con su hermana mayor. Ahora reside en un empobrecido sector del municipio Santo Domingo Oeste. Comparte la humilde vivienda con su hermana y su sobrina. Carmen María es gemela con María del Carmen, la madre de Heidy Arienny Cepeda, nueve años.
“Trabajo para ayudar a mi mamá, la quiero ver en la mejor condición”, afirma esta servidora, cuatro pies 10 pulgadas.
Ser conserje representa, para ella, una parada técnica hasta lograr una licenciatura en Psicología Escolar. Ya es bachiller.
“No me he preparado para tener otro trabajo; estudiaré Psicología Escolar porque me encantan los niños, me gustan; sueño con ser una gran profesional”, expresa rebosante de esperanza.
No tiene hijos, aún no se ha casado. Asegura que lo hará; quiere formar familia y tener su prole. En su agenda está parir dos o tres. Pero sueña con ser una gran profesional, primero, “y vivir mejor, porque no aguanto el ruido en los barrios; la vida en los barrios es muy escandalosa”.
Ve a la mujer como un soporte muy importante para la sociedad. Tanto como los hombres. Y tiene fe en que ello se entenderá del todo algún día.
“El problema está en que todavía nos ven a menos. Pero ahora somos más activas: trabajamos, estudiamos, somos independientes; antes, nos quedábamos en las casas… No nos deben maltratar”, opina.
En su diario trajinar, desde las siete de la mañana hasta las 4 p.m., de lunes a viernes, en ProCompetencia, la gemela solo exhibe sonrisas y la actitud permanente de servir a colaboradores y colaboradoras.
La expresión no se puede está fuera de su vocabulario, cuando le solicitan un servicio. Sencillamente dice: “Vengo ahora”. Y regresa con la solución.
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